Estamos inmersos en una situación de alto riesgo, donde aparece un nuevo virus totalmente desconocido para la ciencia. Si lo hubieran conocido, ya existiera una vacuna para combatirlo, pero no es así. Ni los mismos médicos saben cómo contrarrestarlo, y lo que se va conociendo es en base a la huella de muerte, que va dejando a su paso.
Desde hace varias décadas, se viene escuchando que las guerras entre los poderosos, no serán como en antaño, cuerpo a cuerpo, misiles e invasiones. Se escuchaba que el nuevo método sería bacteriológico, y es lo que estamos viendo y viviendo. Hay cosas que parecen exageradas, medidas drásticas que imponen los gobiernos, porque el pueblo no quiere acatar las sugerencias.
Ni viendo que el barco se está hundiendo, paran su vida desenfrenada, creyendo se trata de un sueño del que pronto despertarán. No faltan los vivales que se aprovechan de la ocasión, para engordar sus bolsillos. Es ahí cuando debe actuar la autoridad y meterlos en cintura. Agiotistas siempre encontraremos, y esto sucede porque el pueblo es ignorante, sin importar el continente donde se radique.
Si ante una pandemia, desatada por el coronavirus, que a nivel mundial todavía no se llega al ½ millón de defunciones, pero sí a varios cientos de miles de infectados, muchos ya no quieren salir de sus casas, por el temor al contagio. En la Tierra somos 7.500 millones de habitantes. En unos lugares les ha golpeado más que en otros, en relación con el número de enfermos.
Con el avance de la ciencia, pronto se encontrará una solución. Imaginemos qué pasaría si en verdad fuera una verdadera pandemia, como la que se suscitó en Europa en el año 1347, la fiebre bubónica o fiebre negra, que mató a cerca de 23 millones de personas. De lo que más nos escondemos, es lo primero que se nos aparece. Hay que fortalecer el sistema inmunológico, seguir las indicaciones médicas, y no caer en pánico, porque lo que más mata a la gente, es el miedo producido por su propia ignorancia.
|
No hay comentarios:
Publicar un comentario